¿Una transición verde para quién? Colombia y el Pacto Verde Europeo
- Felipe Roa-Clavijo

- hace 6 horas
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La implementación del Pacto Verde Europeo es una de las políticas climáticas más ambiciosas a nivel mundial. Sin embargo, está redefiniendo las reglas de acceso a uno de los mercados más importantes para las exportaciones alimentarias colombianas. El Reglamento de la Unión Europea sobre productos libres de deforestación (EUDR) no es un detalle técnico menor. Representa una nueva frontera en la gobernanza ambiental que exige trazabilidad, georreferenciación y producción verificada libre de deforestación para productos básicos como el café y el cacao.
Lo preocupante es que este debate suele reducirse a una pregunta simplista: ¿están los productores preparados para cumplir? Una pregunta más útil es otra: ¿están las instituciones públicas, junto con la industria y los socios de cooperación, preparadas para crear las condiciones propicias para el cumplimiento, de modo que los requisitos de trazabilidad y verificación no amplíen involuntariamente las brechas existentes, sobrecarguen a los pequeños productores o trasladen el coste total de la transición a quienes tienen menor capacidad para absorberlo?
Desafíos de la capacidad institucional
El Reglamento sobre Productos Agrícolas de la UE (EUDR) eleva el nivel de información requerido en el comercio. Producir bien ya no es suficiente. Los productores deben demostrar, con datos verificables, que la producción no está vinculada a la deforestación y que el origen puede rastrearse con precisión. Esto requiere capacidades concretas como un catastro funcional, información fiable a nivel de parcela, sistemas interoperables, plataformas de trazabilidad, personal técnico en zonas rurales y canales ágiles para la certificación.
Aquí se observa la primera fisura. Colombia ha avanzado, pero también sufre de una persistente fragmentación institucional. Las responsabilidades se distribuyen entre agencias ambientales, autoridades agrícolas, instituciones de tierras, organizaciones comerciales, gobiernos subnacionales y actores privados, sin una estructura única para la coordinación y el monitoreo. En la práctica, esta dispersión se traduce en cuellos de botella. Ejemplos de ello son los registros incompletos, los altos costos de transacción, los procedimientos duplicados y la escasa presencia técnica donde más se necesita.
En este contexto, la trazabilidad se convierte en una barrera administrativa, no porque el productor deforeste, sino porque el Estado no puede proporcionar la infraestructura de información y los servicios necesarios. Y cuando esto sucede, los mercados a menudo no esperan. Reemplazan a los proveedores, reconfiguran las compras y pueden dejar atrás a quienes no pueden presentar la documentación que acredite el cumplimiento.
Tensiones entre los objetivos de sostenibilidad y la inclusión social.
En teoría, el Reglamento de la Unión Europea de Protección del Medio Ambiente (EUDR) persigue el objetivo legítimo de reducir la presión sobre los bosques y la biodiversidad, contribuyendo así a la mitigación del cambio climático. El problema surge cuando esta ambición se aplica mediante una lógica uniforme que no reconoce las trayectorias productivas ni las desigualdades históricas.
Colombia es un país donde la vida rural combina la tenencia informal de la tierra, el conflicto, la pobreza y la tecnología. En muchas regiones cafeteras y cacaoteras, los pequeños y medianos productores operan con márgenes ajustados y acceso limitado al crédito, los servicios de extensión y la conectividad. Si el cumplimiento normativo se define como un conjunto de requisitos costosos y complejos, la sostenibilidad compite directamente con la inclusión. Quienes no pueden costear la certificación, contratar servicios de georreferenciación o utilizar plataformas digitales podrían quedar excluidos.
La principal cuestión política es si Colombia podrá emprender esta transición sin generar más desigualdad o si negociará y construirá una vía de sostenibilidad compatible con el desarrollo rural, con diferenciación territorial, implementación gradual y apoyo público.
Desafíos de la exclusión para aquellos que no pueden adaptarse
Quienes no puedan adaptarse con rapidez corren el riesgo de quedar excluidos del mercado europeo. Esto implicaría una menor demanda, una caída de los ingresos, la pérdida de contratos, una mayor dependencia de los intermediarios y un desplazamiento del valor hacia los actores más grandes que puedan cumplir con las normativas y documentar dicho cumplimiento.
El riesgo de desigualdad se multiplica en las cadenas de valor del café y el cacao debido a la alta fragmentación de la oferta y a que gran parte del valor se captura fuera de la finca. Si se añade una nueva condición de acceso al mercado basada en pruebas digitales y certificación, el equilibrio se inclina aún más. En otras palabras, el Reglamento sobre la Renta de la UE podría acabar reforzando la concentración, no intencionadamente, sino a través de asimetrías de capacidad.
También existe un efecto territorial. Las zonas con instituciones más débiles, mayor informalidad y heridas más profundas derivadas de conflictos son precisamente donde resulta más difícil brindar apoyo. Si el cumplimiento no llega a esas zonas a tiempo, el resultado podría ser un nuevo mapa de periferias excluidas del comercio formal.
¿Las políticas de acción climática darán pie a nuevas desigualdades, o construiremos una transición en la que la protección de los bosques también fortalezca los medios de vida rurales, el desarrollo territorial y la resiliencia a largo plazo? El Reglamento Europeo de Defensa (EUDR) y el Pacto Verde Europeo, en su conjunto, buscan reducir la pérdida de biodiversidad y las emisiones de gases de efecto invernadero mediante una mayor diligencia debida y requisitos de trazabilidad más estrictos. Sin embargo, si la implementación no tiene en cuenta las capacidades locales ni las deficiencias estructurales, especialmente para los pequeños y medianos productores, los beneficios de la acción climática podrían distribuirse de forma desigual, y el cumplimiento podría convertirse en una nueva barrera dentro de las cadenas de valor.

El Dr. Felipe Roa-Clavijo es profesor asistente en la Facultad de Gobierno de la Universidad de Los Andes e investigador asociado en la Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford, Universidad de Oxford. Es doctor en Desarrollo Internacional por la Universidad de Oxford, tiene una maestría en Administración Pública por la Universidad de Seattle y una licenciatura en Ecología por la Universidad Javeriana. Su investigación se centra en la política alimentaria y agrícola, analizando los debates sobre el abastecimiento de alimentos desde las perspectivas de los movimientos agrarios, el Estado, los consumidores y la industria alimentaria. Para conocer más sobre su trabajo, visite el sitio web de Felipe aquí .
Las opiniones expresadas en este blog son exclusivamente las del autor y no reflejan las opiniones de la Red EULAS.



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