Perspectivas para la cooperación UE–América Latina en materias primas críticas
- Detlef Nolte
- hace 2 días
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Las materias primas críticas (MPC) son fundamentales para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, redes eléctricas, motores de aviación, tecnologías avanzadas de defensa y semiconductores, que constituyen la base de la inteligencia artificial. Su disponibilidad afecta directamente a la seguridad energética, al ritmo y viabilidad de la transición verde, y a la capacidad operativa y superioridad tecnológica del sector de defensa, cuya importancia ha aumentado debido a la invasión rusa de Ucrania, la percepción de falta de fiabilidad de Estados Unidos y las políticas europeas de rearme.
Adoptada en 2024, la Ley Europea de Materias Primas Críticas (Critical Raw Materials Act, CRMA) representa el esfuerzo de la UE por institucionalizar un enfoque coordinado que garantice un suministro seguro y sostenible de MPC para la industria, reforzando la resiliencia de la UE frente a presiones externas y reduciendo las vulnerabilidades de las cadenas de suministro. La CRMA enumera 34 materias primas críticas — en función de su importancia para la economía de la UE y del riesgo de interrupción del suministro—, de las cuales 17 se clasifican como materias primas estratégicas (MPE). Estas MPE se consideran especialmente esenciales para la transición verde y digital, así como para aplicaciones de defensa y aeroespaciales. De las 34 MPC identificadas por la Comisión Europea en 2024, 26 (15 de las 17 MPE) son necesarias para tecnologías clave de energías renovables.
Para la mayoría de las MPC, la UE depende de importaciones procedentes de países no pertenecientes a la Unión Europea. En el caso de 10 de estos materiales, la UE depende totalmente de proveedores externos. Dentro de la UE, actualmente no existen minas significativas de tierras raras, solo instalaciones limitadas de extracción de otras MPC y un número reducido de plantas de procesamiento. El refinado y procesamiento de MPC se ha concentrado cada vez más en un pequeño número de países. Por ejemplo, en 2024 China representó aproximadamente el 90 % de los elementos refinados de tierras raras necesarios para la producción de imanes permanentes, esenciales para vehículos eléctricos, turbinas eólicas, tecnologías digitales e infraestructuras de inteligencia artificial. China también ocupa una posición dominante en el procesamiento de minerales críticos para la fabricación de semiconductores.
La geopolítica de las MPC está cada vez más marcada por los controles a la exportación. En octubre de 2025, más de la mitad de los 20 minerales estratégicos relacionados con la energía estaban sujetos a algún tipo de restricción a la exportación, lo que pone de relieve las vulnerabilidades estratégicas asociadas a cadenas de suministro altamente concentradas y muestra cómo el control del procesamiento de MPC puede traducirse en una mayor influencia industrial, tecnológica y geopolítica.
En respuesta a estos desafíos, el Plan de Acción RESourceEU de diciembre de 2025 establece que “la diversificación del suministro de materias primas críticas debe convertirse en una prioridad política máxima de la UE en los próximos años”. Desarrollar capacidades de procesamiento y refinado dentro de Europa o en países socios fiables (“friendshoring”) es esencial para reducir las dependencias estructurales de centros de refinado altamente concentrados.
TLCs y el suministro de materias primas críticas desde América Latina
Desde 2021, la UE ha firmado 15 asociaciones estratégicas sobre materias primas con países ricos en recursos de todo el mundo, incluidas dos con socios latinoamericanos —Argentina y Chile— en 2023. Además, el Plan de Acción RESourceEU destaca el inicio de negociaciones bilaterales con Brasil como socio estratégico.
De las 34 MPC incluidas en la lista de la UE, 25 se extraen en América Latina, lo que subraya su importancia estratégica en el panorama mundial de recursos. El nuevo Acuerdo Comercial Interino (ITA) con Chile, en vigor desde febrero de 2025, incluye un capítulo sobre energía y materias primas. Como mayor productor mundial de cobre y segundo productor mundial de litio, Chile desempeña un papel importante en la estrategia de diversificación de MPC de la UE: la UE obtiene de Chile el 14 % de su cobre y el 79 % de su litio.
El ITA UE–Mercosur, aplicado provisionalmente desde mayo de 2026, reducirá los aranceles de la UE tanto sobre las MPC como sobre los productos derivados de ellas. Los datos de la UE sobre importaciones de MPC muestran que Argentina aporta el 6 % de las importaciones europeas de litio, mientras que Brasil representa el 12 % del aluminio/bauxita, el 13 % del grafito natural, el 82 % del niobio, el 8 % del manganeso, el 9 % del silicio metálico, el 7 % del vanadio y el 16 % del tantalio importados por la UE.
Brasil se ha consolidado como un actor clave en la geoeconomía de las materias primas estratégicas y críticas. El país figura entre los 10 principales productores mundiales de níquel, manganeso, niobio, hierro y bauxita, mientras amplía simultáneamente la producción de litio, grafito natural, vanadio, cobre y tierras raras, ámbito en el que posee las segundas mayores reservas del mundo.
¿Un encaje natural para la cooperación UE–América Latina? Evaluación de las limitaciones
A primera vista, la cooperación entre América Latina y la UE en materia de MPC parece sencilla: América Latina posee los recursos que Europa necesita. Sin embargo, un análisis más detallado revela una relación más compleja. Lo que Europa necesita en última instancia no son solo materias primas críticas, sino materiales ya refinados y procesados para uso industrial o productos derivados, como baterías. El acceso a la mera extracción hace poco para reducir las dependencias estratégicas si las etapas clave de la cadena de valor siguen concentradas en otros lugares.
Por ello, en materia de MPC, Europa y América Latina enfrentan cuellos de botella similares, pese a sus diferentes dotaciones de recursos. Ambas regiones siguen dependiendo en gran medida de socios externos —especialmente China y, en el caso futuro de América Latina, probablemente también Estados Unidos— para transformar las materias primas en insumos industriales. En consecuencia, tanto Europa como los países latinoamericanos comparten un interés estratégico en diversificar sus cadenas de suministro y reducir dependencias unilaterales.
Para los países latinoamericanos, este es un momento crucial para aprovechar sus recursos minerales y promover la industrialización mediante el procesamiento nacional y el desarrollo de segmentos superiores de la cadena de valor. Según el Plan de Acción RESourceEU, las asociaciones estratégicas sobre materias primas “pretenden beneficiar tanto a la UE como a sus socios mediante la valorización local. La creación de valor añadido y empleo local es esencial, incluso permitiendo a terceros países reforzar sus capacidades más allá de la extracción”. Esta formulación indica una disposición a responder a los intereses de los países socios. En un contexto de creciente competencia por las MPC y las MPE, esta sensibilidad no es solo un gesto de buena voluntad, sino una necesidad política.
Aunque el Acuerdo UE–Mercosur prohíbe en general los impuestos a la exportación, las revisiones adoptadas en diciembre de 2024 permiten a Brasil —a diferencia de otros miembros del Mercosur— aplicar derechos de exportación sobre 23 MPC y 9 MPE. Estos impuestos pueden otorgar una ventaja competitiva a la industria brasileña en el procesamiento intermedio y podrían incentivar a las empresas europeas a establecer instalaciones de producción en el país.
Un enfoque diferente se refleja en el acuerdo UE–Chile, que permite un sistema de precios preferenciales para el litio cuando el mineral se utiliza para apoyar el desarrollo industrial nacional. Sin embargo, los resultados hasta ahora han sido limitados, lo que ilustra los persistentes desafíos estructurales asociados al ascenso en la cadena de valor de las MPC.
La considerable volatilidad de precios de las MPC —como ilustra el caso del litio— crea importantes barreras de entrada para nuevos participantes en el mercado. Al mismo tiempo, muchos productos derivados de estas materias, como las baterías, son fabricados por empresas que ya poseen ventajas tecnológicas sustanciales y operan en mercados caracterizados por una gran sobrecapacidad.
La cuestión clave, por tanto, es si América Latina puede ir más allá de la mera extracción de materias primas críticas en términos de creación de valor y, en caso afirmativo, si ello contribuiría a reducir la dependencia y vulnerabilidad de Europa. Mucho dependerá de hasta qué punto los países latinoamericanos sean percibidos en Europa como socios fiables, incentivando así a la UE y a las empresas europeas a impulsar el “friendshoring” en la región.
Los acuerdos comerciales y las asociaciones estratégicas pueden desempeñar un papel importante en la creación de esa confianza, reforzada por inversiones previas y por la fuerte presencia de empresas europeas en los países del Mercosur. Además, dadas las condiciones favorables de precios energéticos y la disponibilidad de fuentes renovables, el “friendshoring” podría combinarse en algunos casos con el denominado “power shoring”, es decir, la relocalización de industrias intensivas en energía hacia países con energía limpia y de bajo coste

Detlef Nolte
Investigador asociado del German Institute for Global and Area Studies - GIGA (Hamburgo, Alemania). Fue Director del Instituto de Estudios Latinoamericanos y Vicepresidente del GIGA.
Las opiniones expresadas en este blog son únicamente de la autora y no reflejan las opiniones de la Red EULAS.