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Sinergias académicas entre la UE y América Latina

El retorno del regionalismo en la geoeconomía: contrastes entre la Unión Europea y América Latina

Durante los últimos años, el regionalismo fue perdiendo su brillo. Sucesivas crisis alimentaron diagnósticos sobre su estancamiento e incluso sobre su irrelevancia. Las opciones unilaterales de política exterior e inserción internacional parecían seducir más que las regiones. Sin embargo, la fragmentación geoeconómica está alterando el escenario internacional y, con ello, el lugar que ocupa el regionalismo en la gobernanza global.


La competencia estratégica entre Estados Unidos y China, la pandemia, la guerra en Ucrania, las disrupciones en las cadenas de suministro y la creciente utilización de instrumentos económicos con metas geopolíticas han modificado las prioridades de los gobiernos. La eficiencia económica ya no constituye el único criterio para organizar las relaciones económicas internacionales y el riesgo ocupa un lugar creciente. En respuesta, conceptos como resiliencia, autonomía estratégica, reducción de dependencias y seguridad económica resultan cada vez más importante en las agendas nacionales y regionales.


En este contexto, el regionalismo se reposiciona con nuevos roles y contenidos.

Durante los años noventa y buena parte de los 2000, los proyectos regionales fueron concebidos principalmente como mecanismos para liberalizar el comercio, atraer inversiones y profundizar la integración económica. El éxito de una iniciativa regional se medía por el crecimiento del comercio intrarregional, la reducción de barreras o el avance de instituciones comunes. En un orden teñido por la geoeconomía, esos activos regionales paulatinamente comienzan a virar hacia la movilización conjunta de ese mercado integrado para crear capacidad de gestionar riesgos, reducir vulnerabilidades y construir autonomía en un entorno internacional crecientemente competitivo.


La Unión Europea representa probablemente el ejemplo más avanzado de esta búsqueda de  transformación. Bajo la noción de autonomía estratégica, Bruselas ha desplegado una narrativa explícita sobre la relación entre economía, seguridad y poder. El comercio, las inversiones, las materias primas críticas, la política industrial y la regulación tecnológica dejaron de ser considerados ámbitos separados de la política de seguridad y la geopolítica.


El resultado ha sido la construcción de un amplio repertorio de instrumentos geoeconómicos. El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), el Reglamento sobre Deforestación, la Ley de Materias Primas Críticas, los mecanismos de control de inversiones extranjeras y el Instrumento Anticoercitivo fueron conformando las herramientas de un instrumental estratégico orientado a reducir vulnerabilidades externas y aumentar la capacidad europea para moldear comportamientos más allá de sus fronteras. Bajo la fragmentación geoeconómica, la integración regional se ha redefinido de espacio económico ampliado a plataforma para proyectar poder económico, regulatorio y tecnológico, aún con sus tensiones y limitaciones.


América Latina, ofrece un panorama muy diferente. La región carece de muchas de las capacidades institucionales, regulatorias y financieras que posee la Unión Europea. Los proyectos regionales latinoamericanos atraviesan desde hace años problemas de fragmentación política, baja densidad institucional y escasa convergencia estratégica. El giro geoeconómico se conjuga en América Latina con un regionalismo debilitado, con mucha menor capacidad que la experiencia europea, y el interrogante es si el cambio de contexto puede generar los incentivos suficientes para volver a imaginar mecanismos efectivos para la cooperación regional.


Existen algunas señales que muestran que la región está incorporando preocupaciones geoeconómicas a sus agendas, aunque su institucionalización aún es débil y, en general, lo que prima son las iniciativas individuales antes que colectivas, más bien reactivas y defensivas frente al escenario internacional. 


A modo de ejemplo, en el Mercosur encontramos discusiones sobre las regulaciones ambientales europeas y el establecimiento de algunos mecanismos regionales la coordinación de acciones frente al Reglamento Europeo sobre Deforestación. También, se despliegan posiciones conjuntas del bloque Mercosur en la Organización Mundial del Comercio. En los últimos tiempos destacan los debates sobre una eventual estrategia Mercosur para los minerales críticos. Poco de esto se plasma aún en resultados. 


El contraste con Europa es notorio. América Latina definitivamente no usa su poder regional para intentar moldear la agenda, sino más bien de forma defensiva. Las regulaciones verdes europeas, la rivalidad entre Estados Unidos y China, la creciente competencia por minerales estratégicos o la reorganización de las cadenas globales de suministro son procesos que generan reacciones regionales, pero rara vez son definidos por los propios países latinoamericanos. Por su parte, Las iniciativas suelen canalizarse a través de mecanismos flexibles, grupos de trabajo ad hoc, coordinación diplomática o declaraciones políticas. A diferencia de la experiencia europea, la cooperación regional rara vez se traduce en la creación de nuevas competencias, agencias o instrumentos permanentes.

América Latina ocupa una posición cada vez más importante en sectores considerados estratégicos para la transición energética y digital. Litio, cobre, alimentos, biodiversidad y energías renovables han aumentado significativamente el valor geopolítico y geoeconómico de la región. Ese potencial es clave para la revitalización del regionalismo. 


La experiencia europea muestra que hay un rol renovado de la integración regional para construir autonomía y proyectar poder, América Latina solo ha desarrollado algunos impulsos pero utilizando el regionalismo para gestionar vulnerabilidades y preservar márgenes de maniobra.  ¿Pueden este contexto transformado y el creciente valor estratégico de los recursos latinoamericanos convertirse en un nuevo motor del regionalismo? La respuesta permanece abierta. El desafío para América Latina será transformar ese potencial en una estrategia regional capaz de proyectar influencia en un orden internacional cada vez más competitivo.


Julieta Zelicovich es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina










Las opiniones expresadas en este blog son exclusivamente del autor y no reflejan los puntos de vista de la Red EULAS.

 
 
 

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