Sinergias académicas entre la UE y América Latina





Una nueva alianza estratégica para Casa Amèrica Catalunya, IBEI, EU-LAS Network y LAC-EU Doctoral Network



Foro Académico EU-CELAC: Conocimiento para Futuros Compartidos
6/11/25, 5:00
Bogotá, 6 y 7 de noviembre de 2025: Universidad de los Andes y Centro de Estudios de Gobernanza Global de Lovaina
En un mundo marcado por la fragmentación geopolítica, la crisis climática y el cuestionamiento del multilateralismo, Europa y América Latina y el Caribe se reunieron en Bogotá para repensar su relación y construir puentes hacia un futuro más justo, sostenible e inclusivo. Durante dos días intensos de diálogo, el Foro Académico EU-CELAC congregó a académicos, diplomáticos, tomadores de decisión y representantes de la sociedad civil para debatir los desafíos compartidos y las oportunidades de cooperación birregional en seis ejes estratégicos: gobernanza global, transiciones digitales, derechos humanos, protección laboral, acción climática y lucha contra el crimen organizado.
Este foro no fue solo un espacio de reflexión académica, sino una apuesta concreta por traducir el conocimiento en propuestas de política pública que alimenten la IV Cumbre CELAC-UE de 2025. Con una vocación de incidencia clara, el encuentro buscó acortar la distancia entre la producción de conocimiento y la toma de decisiones, demostrando que la alianza birregional es, hoy más que nunca, una necesidad estratégica.
Gobernanza global: construyendo puentes en tiempos de incertidumbre
El primer panel situó la relación EU-CELAC en el contexto de un multilateralismo bajo presión. Con más del 30% de los votos en la Asamblea General de la ONU y una presencia significativa en organismos multilaterales, ambas regiones tienen la capacidad de influir en la agenda global si logran actuar coordinadamente. Sin embargo, la heterogeneidad de CELAC —más cercana a una lista de países que a un bloque integrado— y las asimetrías de poder entre las regiones complican la construcción de posiciones comunes.
A pesar de estos desafíos, las intervenciones coincidieron en que las cumbres EU-CELAC siguen siendo relevantes para consolidar agendas compartidas. La clave está en establecer expectativas realistas, incluir a actores subnacionales y de la sociedad civil, y aprovechar las coaliciones de países medianos —como Colombia, Argentina, Perú o Costa Rica— que han demostrado capacidad de liderazgo en foros como la OMC.
“En un escenario de fragmentación geopolítica, la relación UE-CELAC puede ofrecer un modelo alternativo basado en la dignidad humana, la democracia y la cooperación, en lugar de lógicas de suma cero”.
Transición digital: Conectando con la justicia social
La transformación digital fue abordada como una promesa y un desafío simultáneos. Si bien la digitalización puede cerrar brechas y modernizar economías, también corre el riesgo de profundizar desigualdades si no se acompaña de marcos regulatorios robustos, inversión en infraestructura y protección de derechos.
El debate reveló tensiones entre la necesidad de conectividad inmediata y la importancia de construir soberanía digital. Algunos puntos clave que emergieron:
La infraestructura de largo plazo (como la fibra óptica) debe complementarse con soluciones inmediatas (conectividad satelital) para no dejar a nadie atrás.
La protección de datos personales y la regulación de la inteligencia artificial son esenciales para evitar la concentración de poder en pocas empresas tecnológicas.
La digitalización de servicios públicos debe respetar las realidades de comunidades sin acceso estable a internet, manteniendo canales analógicos accesibles.
Es fundamental impulsar modelos de conectividad comunitaria que respeten la autonomía de los territorios y sus formas de vida.
El panel concluyó que una transformación digital inclusiva solo será posible si los proyectos parten del diálogo con los territorios e incorporan criterios claros de derechos humanos, transparencia y rendición de cuentas.
Derechos humanos: una alianza clave para defender la democracia
Con 17 años consecutivos de retroceso democrático global y más autocracias que democracias por primera vez en tres décadas, la defensa de los derechos humanos se presenta como uno de los ejes más urgentes de la cooperación birregional. El panel sobre derechos humanos destacó que Europa y América Latina concentran todavía una parte importante de las democracias del mundo, lo que convierte su alianza en un escenario clave para rearmar una agenda global de democracia.
Las discusiones se centraron en tres áreas prioritarias para la cooperación: la sociedad del cuidado, la justicia fiscal y la transición energética justa. En materia de cuidados, se destacó que ambas regiones atraviesan una crisis agravada por el envejecimiento poblacional y la precariedad laboral, lo que hace urgente reconocer el cuidado como un derecho autónomo y valorar el trabajo de las personas cuidadoras.
El panel también abordó las limitaciones estructurales del sistema interamericano de derechos humanos en comparación con el europeo, proponiendo reformas inspiradas en el acceso directo de las personas a tribunales internacionales para fortalecer la protección efectiva de derechos en la región.
Trabajo decente: más allá del lenguaje de los tratados
Los capítulos laborales en los acuerdos comerciales entre la UE y América Latina fueron examinados no como cláusulas decorativas, sino como herramientas potencialmente transformadoras cuando se activan mediante cooperación técnica, participación sindical y monitoreo conjunto.
El caso del acuerdo UE-Corea fue presentado como un precedente clave: después de años de presión sindical y activación de los Grupos Consultivos Domésticos (DAG), se convocó el primer panel de expertos en comercio y desarrollo sostenible, que declaró a Corea en incumplimiento por negar la libertad sindical a amplios segmentos de trabajadores.
El debate concluyó que el verdadero reto para la región es adaptar estos mecanismos a contextos donde la informalidad es estructural y las asimetrías de poder en las cadenas globales son más pronunciadas. Esto requiere innovar en criterios de participación, asegurar recursos para la sociedad civil y reconocer que sin cambios políticos y judiciales internos, incluso los precedentes más avanzados tienen efectos limitados.
Acción climática: una transición verde con equidad
El panel sobre cambio climático y biodiversidad puso en evidencia una tensión fundamental: mientras la Unión Europea impulsa regulaciones ambientales cada vez más estrictas —como el Reglamento sobre productos libres de deforestación (EUDR)—, América Latina enfrenta el desafío de cumplir con estos estándares sin excluir a pequeños productores ni profundizar las desigualdades territoriales.
Los participantes destacaron que América Latina no puede separar clima de biodiversidad, dado que es una de las regiones más diversas del planeta. La expansión de cultivos como aguacate y café hacia ecosistemas frágiles, impulsada por la demanda europea, genera deforestación mientras los pequeños productores quedan expuestos a sequías, cambios en los regímenes de lluvia y aumentos de temperatura proyectados de hasta 5 grados.
El debate identificó tres ejes prioritarios para una transición verde justa:
Inversión en infraestructura pública para adaptación climática: sistemas de alerta temprana, información climática de alta resolución y servicios de extensión rural.
Apoyo financiero y técnico para que pequeños productores puedan cumplir con requisitos de trazabilidad sin ser excluidos del mercado.
Construcción de capacidades e infraestructuras públicas compartidas: sistemas de datos climáticos interoperables, redes de monitoreo satelital y plataformas abiertas de trazabilidad.
El mensaje central fue claro: sin cooperación que acompañe las exigencias regulatorias con recursos y asistencia técnica, el resultado será la exclusión silenciosa de miles de productores y el refuerzo de la concentración económica.
Paz y seguridad: Lecciones de Colombia para la región
El último panel del foro abordó uno de los temas más sensibles y relevantes para la cooperación EU-CELAC: la lucha contra el crimen organizado, la corrupción y las economías ilícitas, tomando como laboratorio el proceso de paz colombiano y su implementación.
Los panelistas identificaron cuatro desafíos estructurales para la implementación de la paz: la geografía y la desigualdad que limitan la presencia estatal en territorios PDET (donde solo una de cada diez familias tiene agua potable y la cobertura de internet es del 2%); la persistencia del crimen organizado que captura comunidades y economías locales; el tiempo que requieren los procesos de paz para mostrar resultados reales (25 a 30 años mínimo); y la falta de continuidad institucional, con gobiernos que reinician planes cada ciclo electoral.
“La cooperación no debe crear proyectos de corto plazo, sino reforzar estrategias existentes como los PDET y las iniciativas productivas comunitarias que respondan a necesidades reales”.
El panel concluyó con recomendaciones concretas para la cooperación europea: fortalecer la justicia penal local y los mecanismos de extinción de dominio; sostener en el tiempo los PDET y la reincorporación con una visión de largo plazo; y apoyar investigación sobre el reciclaje de combatientes y los vínculos entre crimen organizado y procesos de paz, para que las políticas públicas partan de un conocimiento más fino de las dinámicas de violencia.
Hacia futuros compartidos: conclusiones y perspectivas
El Foro Académico EU-CELAC demostró que, en un mundo fragmentado, la alianza entre Europa y América Latina y el Caribe no es un lujo diplomático sino una necesidad estratégica. Con más del 30% de los votos en la ONU, el 21% de la economía global y el 14% de la población mundial, ambas regiones tienen la capacidad —y la responsabilidad— de impulsar un modelo de cooperación internacional basado en dignidad humana, democracia, Estado de derecho y sostenibilidad.
Las discusiones dejaron claro que el éxito de la IV Cumbre CELAC-UE de 2025 dependerá de la capacidad de traducir diagnósticos académicos en políticas concretas, mecanismos de financiamiento sostenibles y espacios de gobernanza compartida. No basta con declaraciones: se necesitan compromisos verificables, recursos destinados a largo plazo y la participación activa de la sociedad civil, la academia y los actores locales en el diseño e implementación de las agendas birregionales.
El foro también reveló que la cooperación birregional debe superar lógicas jerárquicas del pasado. Europa ya no puede posicionarse como "tutora moral", y América Latina tiene mucho que aportar al incorporar dimensiones materiales —desigualdad, precariedad, vínculos comunitarios— al corazón de la agenda global de derechos humanos. La construcción de una relación verdaderamente simétrica, que reconozca las necesidades latinoamericanas en materia de política industrial, reducción de desigualdades y diversificación productiva, será la clave para que esta alianza sea creíble y duradera.
En las palabras de cierre del profesor Jan Wouters, este foro fue concebido como un ejercicio de "diplomacia científica": un puente entre el conocimiento producido desde la academia y las decisiones que tomarán los jefes y jefas de Estado en Santa Marta. El desafío ahora es asegurar que esta riqueza de ideas, propuestas y reflexiones se traduzca en una hoja de ruta ambiciosa, con metas claras, mecanismos de seguimiento y la voluntad política necesaria para construir, juntos, futuros verdaderamente compartidos.






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